Necesidades de la infancia y la adolescencia en el proceso de separación de sus progenitores. ¿Que ocurre cuando los padres se separan?

 

La separación o divorcio de los progenitores es uno de los acontecimientos que más pueden afectar al desarrollo de un niño o adolescente. Durante dicho proceso, la familia pasa por una crisis que requiere un cambio en su organización estructural y funcional. Es a partir de este momento donde las necesidades de los menores se pueden ver afectadas, en concreto, puede que estas no sean tenidas en cuenta o sean vulneradas, especialmente las necesidades relacionadas con poder mantener la vinculación afectiva primaria con alguno de sus padres, poder interactuar con adultos significativos, y en los casos más graves exponer a los hijos a riesgos psicológicos. En este sentido, consideramos que la prioridad es  cubrir las necesidades afectivas de los menores y no tanto el satisfacer los derechos de los progenitores, basándonos en el interés prioritario del menor.

Durante los procesos de separación de los padres, se pueden poner en marcha muchos mecanismos psicológicos, sociales y culturales que puede llegar a afectar a la capacidad de los padres para cuidar de sus hijos de manera adecuada, llegando incluso, en los casos más extremos, a autenticas situaciones de riesgo.

No en todos los casos podemos hablar de este tipo de problemática, en muchas ocasiones el divorcio pone fin a una situación conflictiva y supone una mejora para los menores. El impacto emocional de la separación va a depender de los factores de protección y vulnerabilidad que están en función de su edad y personalidad y especialmente de cómo la familia elabore la ruptura y maneje este proceso. (Cantón, Cortés y Justicia, 2000).

 

 

El divorcio, puede ser entendido como una crisis no normativa que inicia un nuevo ciclo vital en la familia, de una familia nuclear a una monoparental, en familia extensa o reconstituida. El divorcio inicia un proceso que va a cambiar la estructura o la organización de la familia.  Desde esta óptica, el divorcio en sí mismo no se entiende tanto como factor traumático,  sino que sería una organización disfuncional de la familia la que esté generando problemas en sus miembros. Esta organización familiar post- divorcio conlleva tiempo y momentos de crisis o desorganización, y pueden llegar a ser tan duros, que la familia se resiste al cambio y se “congela”, dando lugar a una patología o disfuncionalidad. Una organización  post-divorcio saludable consistiría en aquella en la que el divorcio haya servido para:

  • detener la escalada de conflictos conyugales,
  • los ex cónyuges llevan una vida independiente y no se mantiene unidos por el resentimiento,
  • exista continuidad en las relaciones de los hijos con los padres, que ambos mantengan una relación de co- parentalidad (familia binuclear: el hijo vive en ambas casas y no es “una visita”).

Mientras que un  divorcio disfuncional se caracteriza por:

  • la continuidad de los conflictos del pre-divorcio,
  •  la alteración significativa en la relación de los hijos con al menos uno de sus padres,
  • la no disociación instrumental de la función marital y la función parental,
  • la imposibilidad de cuidado de los hijos,
  • las peleas permanentes, la necesidad de ganar y denigrar,
  • los miembros de las familias de origen se hayan involucrados,
  • la falta absoluta de sentimiento alguno de responsabilidad propia por el divorcio y
  • la búsqueda de culpables y cómplices.

(Diaz Usandivaras, 1986), (Glasserman, 1997).

Para Isaac, Montalvo y Abelsohn, (1986) las parejas que se divorcian, deben reorganizar su relación durante la separación y después de ella, además de hacer frente a los sentimientos de pérdida, ira, culpa o alivio y modificar sus relaciones sociales. La intervención con las familias en proceso de divorcio, se centra en los esfuerzos los progenitores para reorganizar sus relaciones mutuas y con sus hijos.  Para estos autores, el principal origen de la disfuncionalidad es la mala resolución del divorcio emocional de la pareja conyugal, que impide la continuidad de la pareja co-parental, por lo que se producen errores en la co-parentalidad.

 Mª de la Cruz García Jiménez. Psicologa y Mediadora Familiar.

 

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