¿Me separo o me divorcio?

Cuando hablamos de separación nos referimos a que los cónyuges ponen fin a su convivencia e inician vidas separadas, la separación no rompe el vínculo matrimonial, es decir que no se pueden volver a casar, mientras que en el divorcio se rompe el vínculo matrimonial y los cónyuges pueden volver a casarse.
En la separación las partes no suelen liquidar el régimen económico matrimonial lo que conlleva a que surjan problemas entres las partes, porque las deudas que contraiga uno de los cónyuges afectan a los bienes gananciales que pertenecen a ambos.
Tanto la separación como el divorcio pueden tramitarse de mutuo acuerdo o de forma contenciosa, y en todos los casos el requisito imprescindible es que hayan transcurrido al menos tres meses desde la celebración del matrimonio.
Junto con la demanda de separación y divorcio de mutuo acuerdo hay que presentar un convenio regulador. ¿Qué es un convenio regulador? El convenio regulador es un acuerdo bilateral de los cónyuges en el que se regulan las consecuencias jurídicas del matrimonio en el caso de que se produzca la separación o el divorcio. Se trata de un acto jurídico de carácter familiar en el que se distingue entre las relaciones económicas de los cónyuges y las relaciones paterno- filiales. En cuanto a las relaciones económicas, las partes cuentan con un mayor grado de disponibilidad en sus relaciones patrimoniales. En el campo de las relaciones paterno-filiales, se observa el papel preponderante del juez, ya que será quien determine si las cláusulas del convenio no están en contra del interés superior de los/las hijos/as. El Artículo 90 del Código Civil recoge los contenidos mínimos que debe tener un Convenio Regulador.

La separación y divorcio se puede tramitar a través de un procedimiento contencioso, en el que las partes deben acudir a los tribunales para interponer una demanda, se inicia así un procedimiento judicial que supone un mayor coste para ambos cónyuges, ya que cada uno debe ir representado por abogado y procurador y además supone un mayor gasto emocional que afecta también a los hijos. Estos procedimientos suelen alargarse en el tiempo y pueden a llegar a provocar grandes conflictos. En cualquier momento del proceso contencioso hasta que se dicta sentencia, las partes pueden llegar a acuerdos y convertir dicho proceso en un mutuo acuerdo.

Por ello la mediación en tan importante en este campo del derecho, porque ayuda a las partes a llegar a acuerdos que por ellos mismos no pueden. Muchas veces los cónyuges tienen posturas muy contradictorias y no ven más allá y es aquí donde la labor del mediador puede ayudar a ambos a encontrarse.

Susana Vázquez Colmenar. Abogada y mediadora familiar.

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